* Diario La Reforma, el diario de la pampa | Editorial
| 14 abril, 2019

Editorial

¿Desde cuándo competir es malo? Sólo llevándolo a un extremo y usando un pensamiento enroscado se puede concebir la competencia como algo nocivo en sí mismo. La competencia, naturalmente, implica medirse, mejorar, luchar por superarse y jugar. Una competencia, un concurso, un juego, es una oportunidad de aprendizaje y también de divertirse, de entretenerse, es un espacio de esparcimiento y si ese espacio es entre amigos, en la escuela, con la participación de los padres, los docentes, los directivos y si ese espacio es una tradición y hermana, integra, conmueve y moviliza toda la institución, qué puede tener de malo.

Cuando ganar o perder es anecdótico y el objetivo es otro, cuando toda una comunidad educativa está comprometida con la defensa de la jornada como una muestra concreta de integración porque promueve el sentido de identidad y pertenencia, buscar los contras en vez de reconocer los beneficios, es desatinado. Competir no es un problema, no es malo en sí mismo y en el caso de la Escuela Normal de nuestra ciudad, no caben dudas que la histórica jornada de integración de rojos y azules, se desarrolla desde los valores y promueve la integración, la cooperación y fortifica lo identitario.

La jornada institucional se desarrolla desde hace 17 años, los chicos de todos los cursos se dividen en rojos y azules y trabajan con profesores y padres durante semanas para el gran día. Eso implica preparar cartelería, ensayar coreografías y entrenar para algunos juegos, participan todos los alumnos de todos los cursos; la escuela y las casas se llenan de globos, carteles, remeras, escenografías, trajes, música, los chicos van y vienen con los preparativos, muchas veces grupos de ambos equipos trabajan juntos en un mismo espacio cada uno atento a su color. Se cargan, se divierten y, obviamente, quieren ganar. Lo que no hay que perder de vista es que unos ganan y otros pierden, pero no pasa nada si ganan y no pasa nada si pierden. Todos tienen claro que ese no es el objetivo.

Si los chicos lo tienen claro, no queda claro como los grandes no lo tienen claro, si para los chicos es evidente, indiscutible e indudable que cuando termina la jornada ya no hay más rojos y azules y todos vuelven a ser violetas, como solía decir una ex directora de la institución, cómo para los grandes es imperceptible.
Si toda la comunidad educativa te dice que el rojo y el azul no dividen la escuela, que por el contrario la jornada cumple el objetivo de promover el compromiso institucional y la valoración del otro, que acerca, fortalece el trabajo en equipo y la integración, que atraviesa toda la estructura, que une y propicia valores como la cooperación, no se entiende por qué no confiar en la labor de la escuela, en el trabajo de casi dos décadas de directivos y docentes, en su palabra y en la palabra de padres y alumnos. Es simplemente un desatino.

Hagamos algo más, salgamos de foco, salgamos de la escuela y pensemos en la competencia, que fue el problema, según el flamante coordinador de Educación, responsable del intento de frenar o modificar la actividad. La vida entera, sin importar la edad ni la profesión o actividad que desarrollemos, está regida por la competencia, por la posibilidad de ganar o perder, y cada experiencia es una oportunidad de aprendizaje, ni buena ni mala en sí misma, un oportunidad, por ende, aprender a manejar la frustración cuando perdemos, aprender a superarnos, aprender a disfrutar cuando ganamos y enfocar el nuevo desafío, aprender a identificar nuestras fortalezas y debilidades y seguir adelante es parte de la vida, eso es vivir.

En este contexto, que ahora expliquen que no querían suspender la jornada, que sólo sugerían algunas modificaciones en función de supuestos “nuevos lineamientos educativos”, de líneas de acción que implican un trabajo desde otra vía y que sólo pedían que “repensaran” la manera en la que se iba a desarrollar la jornada, queda para el anecdotario, es intrascendente.

Rescatemos lo positivo, lo verdadero, auténtico y provechoso de todo lo que pasó: la jornada se hizo, los chicos jugaron, se divirtieron, unos ganaron y otros perdieron pero la foto del cierre los muestra a todos justos, abrazados alzando la copa sin distinción de colores. Este hecho demuestra una vez más que la unión hace la fuerza, que cuando las cosas son genuinas y se trabajan a conciencia es difícil que una decisión equivocada pueda echar por tierra el trabajo de muchos. Lo más valioso de esta historia es que más allá del mal trago, lo que sucedió va a dejar, para los chicos y la comunidad educativa, un aprendizaje indeleble y valiosísimo y es de esperar que para el flamante Coordinador de Educación, también. Finalmente, los chicos dieron el ejemplo.

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Comentarios

totalmente de acuerdo!!! mis felicitaciones a la persona que lo escribió… mas certero y real no puede ser.

Totalmente de acuerdo! Muchas gracias por poner en palabras lo que sentimos los padres y la comunidad educativa de la escuela.

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