* Diario La Reforma, el diario de la pampa | Editorial
| 13 mayo, 2019

Editorial

Las universidades enfrentan un año en el que su única opción es resistir, el gran desafío del 2019 para la educación superior será cómo aguantar en un estado de drástico desfinanciamiento. Tan dramática es la situación que el Consejo Superior de la UNLPam, inmediatamente después de aprobar por unanimidad un presupuesto de 1.200 millones de pesos, decidió hacerlo público en conferencia de prensa aclarando que la cifra implica un déficit de 30 millones, por lo que no hay manera de que no se resientan los gastos de funcionamiento. Es simple, esa plata no alcanza para garantizar el mismo trabajo que el año anterior.

La llegada de los fondos que faltan depende de la voluntad del secretario de Políticas Universitarias Pablo Domenichini y de lo que se pueda acordar porque aún no se ha firmado nada. Ergo, el buen o mal tránsito de la UNLPam durante el 2019 está en manos de la “voluntad” de un funcionario, según textuales palabras del rector de la universidad Oscar Alpa.

El mismo escenario se repite en cada una de las 57 universidades nacionales del país, por lo que este desfinanciamiento afecta a 1.617.573 alumnos de pregrado, grado y posgrado de toda la Argentina, a 130.557 docentes que toman 183.908 cargos, de los cuales al menos 21.000 tienen dedicación exclusiva, es decir, que seguramente viven sólo de ese sueldo. Un dato muy relevante en este contexto desgraciado es que unos 8 de cada 10 alumnos universitarios se forman en las universidades públicas, por lo que con esto se resiente la educación universitaria del 80% de los estudiantes del país. Así nomás.

A esta altura no hay que ser muy lúcido para concluir que lo que está en juego con este tipo de políticas educativas son los fundamentos del sistema público, lo que verdaderamente se pone en discusión es la decisión del Estado de garantizar o no garantizar la inversión financiera en el sistema en pos de construir una universidad cada día más inclusiva, de mayor calidad, con más y mejor investigación, tasas de graduación y vinculación con los entornos sociales, productivos y tecnológicos.

Cómo hacen las universidades con incrementos de partidas de entre el 22 y el 33% para afrontar los aumentos desbocados que han sido la norma en la economía argentina, obviamente a excepción de los salarios. Cómo hacen las universidades para asumir el impacto de los servicios básicos como luz, agua y gas, servicios esenciales y de uso intensivo en cualquier institución educativa. Cómo hacen a la hora de comprar o reponer cualquier insumo básico, desde libros a computadoras. Puede parecer un razonamiento muy elemental, pero si no hay plata para pagar la luz, el gas o el agua, no hay educación; o bien, podemos suponer que si hay que achicar las facturas de esos servicios, una opción podría ser reducir clases en horario nocturno, con lo cual los estudiantes que trabajan quedarían afuera de la universidad.

Esto nos lleva a un escenario en el que el papel de la universidad pública está en jaque, un esquema que contradice todos los discursos que refieren a crecimiento, desarrollo, grandes cambios y proyectos de inserción en el mundo, tan afines a la prédica presidencial. Por el contrario, el desfinanciamiento de las universidades públicas nos conduce a un modelo de mayor exclusión en lo social, lo económico y nos aleja de la tan mentada inserción al mundo en base a nuestras ventajas educativas.

Tenemos que preguntarnos seriamente y debatir cuál es el rol que queremos para la universidad pública, es una discusión que nos debemos como sociedad. Basta de discursitos de barricada, empecemos a hablar de verdad si estamos dispuestos a retroceder y ceder terreno en materia universitaria o si vamos a defender tantos años de esfuerzo, inversión, trabajo y lucha de miles y miles de argentinos por tener una educación superior para todos.

El 2019 va a implicar para las universidades, como decíamos al inicio, el desafío de resistir frente al desfinanciamiento, y para nosotros como argentinos, el de debatir como colectivo social, la importancia que tiene el sistema de educación superior nacional en la construcción de un país más justo, más equitativo, en el que la expectativa de movilidad social ascendente siga siendo una realidad y en el que la educación universitaria cumpla un rol trascendental en el desarrollo y el crecimiento del país. Ojalá tengamos como sociedad el criterio suficiente para advertir que en este tema nos jugamos el futuro.

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