* Diario La Reforma, el diario de la pampa | Editorial
| 12 junio, 2019

Editorial

Aprovechando el alboroto del “todos estamos de campaña” que invisibiliza y ensordece los temas importantes, Macri promulgó la ley de financiamiento de los partidos políticos pero con un “toquecito” para los amigos. El Presidente, con un veto parcial al texto aprobado por el Congreso que prohibía expresamente que las compañías con deudas impositivas hicieran su aporte, les permite a estas empresas contribuir a las campañas electorales.

La “pequeña” modificación podría traducirse para los que miramos de abajo como hacen, tejen y deshacen sus cuotitas de poder: “Si ponés tus dinerillos para la campaña no importa si pagás o no pagás, si cumplís o no cumplís”, y si quiere le agregamos un remate apropiado como: “Cumplir las obligaciones es sólo para la gilada”, es decir, nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, los que nos deslomamos trabajando y hacemos lo imposible para nunca llegar con nuestras deudas impositivas, los que la remamos y aunque no lleguemos a fin de mes como nos gustaría, igual hacemos el esfuerzo de cumplir con el fisco, como corresponde, nosotros, los giles de siempre.

No importa de dónde se mire la norma, es un sopapo para todos los ciudadanos bien nacidos que además de cumplir sus obligaciones aspiran a un país mejor y un país mejor es aquel en el que cada uno pague lo que le corresponde, un país mejor es aquel en el que la ley es igual para todos, porque como bien señala el refrán “la ley pareja no es rigurosa”.

El mensaje que deja el “toquecito” de Macri a la ley de financiamiento de los partidos políticos es muy desafortunado y el argumento que esgrimieron para justificarlo, también. La explicación emitida por la Dirección Nacional Electoral es técnica e indica que “el Tribunal Fiscal de la Nación es un organismo que recibe reclamos de los contribuyentes contra resoluciones dictadas por la AFIP. El contribuyente no es el demandado sino el que demanda si cree que no le corresponde pagar un impuesto”. A esa argumentación se sumaron después voces de la Casa Rosada que ampliaron un poco para intentar aclarar, en este caso la explicación fue que si el espíritu de la ley era prohibir que los evasores sean aportantes, fue un error apuntar al Tribunal Fiscal de la Nación… ponele, pero por las dudas no corrigieron eso, optaron por aprovechar el error para llevar agua para su molino.

El Gobierno arguye que la norma refiere “a una situación que en los hechos no existe, cual es la de sujetos demandados por reclamo de deuda impositiva ante el Tribunal Fiscal de la Nación” y que “la vigencia de la norma propuesta podría incidir negativamente en el eventual ejercicio de un derecho en virtud del propio acto de defensa con el que se cuenta frente a una resolución administrativa”. Una argumentación bonita y prolija, pero insuficiente para esconder la verdad que le rebalsa por los poros, es inocultable, esta es una norma que a los comunes y corrientes nos señala con el dedo mientras nos susurra al oído: giles, giles, giles.

La ley se promulgó y sólo los diputados del Frente de Izquierda presentaron un amparo en la Justicia, el resto, bien, gracias, todos calladitos sin chistar, obviamente porque les conviene. Claramente todos siguieron con sus respectivos enroques, su danza de nombres, viendo cómo podían concluir mejor sus armados de cara a las próximas elecciones, muchas declaraciones y tironeos pero acá, no ha pasado nada. Siguieron con sus mensajes, sus carteles, sus equipos a full en las redes sociales, haciendo declaraciones respecto a si vienen o van y si son mejores o peores unos y otros y nada más.

Tanto es así, que termina pareciendo que los desubicados somos los que estamos pidiendo que se ocupen de lo que nos pasa, los que pedimos que se dejen de prometer y discursear, que le aflojen con los mensajes coucheados que ya apestan. Da la impresión que los que miramos cómo crece la pobreza, el salario sigue perdiendo frente a la inflación, cómo cae el poder adquisitivo, cómo las malas noticias nos ahogan en el día a día, somos unos tarados irredimibles. Al final, somos los aguafiestas.

No sabemos qué definirá la Justicia frente al amparo del Frente de Izquierda, no sabemos si intervendrá en forma urgente o no, sólo sabemos que si la norma de financiamiento de los partidos políticos queda tal cual está, hay hijos y entenados y la ley no es igual para todos.

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