* Diario La Reforma, el diario de la pampa | Editorial
| 10 julio, 2018

Editorial

Hablemos de nosotros y nuestra convicción de que “todos manejan mal menos yo”, porque convengamos que quien más quien menos, sufre esa disociación entre cómo evalúa las virtudes al volante de los demás y la propia.

Todos estamos dispuestos a asumir que en el tránsito, la imprudencia, las distracciones y el incumplimiento de la ley matan, pero nos negamos a aceptar nuestras propias negligencias. Como conductores carecemos de la capacidad de apreciar críticamente nuestra idoneidad en la conducción y por lo tanto, no somos conscientes de las veces que con nuestras actitudes nos ponemos y ponemos en peligro al prójimo.

En Argentina, el 95% de los siniestros de tránsito no son accidentes, se producen como consecuencia de causas evitables, son producto de nuestra falta de conciencia social, de nuestra manía de actuar de acuerdo a criterios personales ignorando las responsabilidades colectivas que debemos asumir al momento de guiar un vehículo. Y afirmando esto no estamos desconociendo el estado lapidario de las rutas que contribuyen a aumentar la inseguridad vial, es un tema que nos preocupa y ocupa, por eso desde este espacio hemos hecho mención al mismo en varias oportunidades, pero hoy queremos reflexionar sobre este aspecto no menor de un flagelo que sigue creciendo y que nos arranca muchas vidas.

Permítame algunos ejemplos, sólo para entrar en tema: conductor en moto sin casco y a alta velocidad; conductor en auto con un niño sentado en la falda o con un niño pequeño en el asiento delantero, o con un niño pequeño en el asiento trasero sin atarse; conductor en moto con niños entre el asiento y el volante, sin casco, a veces la escena es más caótica y se completa con el uso del celular; conductor en cualquier vehículo leyendo y contestando mensajes en su móvil; ciclista con auriculares y manos en los bolsillos; ciclistas que entienden que la luz roja del semáforo no es para ellos; peatones que cruzan la calle a mitad de cuadra y salen entre vehículos, algunos también hablando o viendo su teléfono; ¿sigo?. No creo que sea necesario, todas son fotos de nuestras imprudencias cotidianas a las que cualquiera puede agregar unas cuantas más.

Cito los ejemplos para que repasemos no sólo lo que vemos, sino también lo que hacemos, porque la mayoría de nosotros, a la hora de salir a la calle nos preocupamos bastante poco por los demás, todos cometemos imprudencias, todos. Alguna vez excedemos la velocidad, o usamos elementos de distracción como contestar el celular, sintonizar una radio o mirar un GPS, no nos ponemos el cinturón, o no usamos el casco o tomamos un par de copas porque salimos y después hay que volver a casa. Todos cometemos alguna imprudencia en la convicción de que a nosotros nunca nos va a pasar lo que le pasa al prójimo, tenemos una tendencia a rozar los límites o trasvasarlos y lo que es peor, estamos convencidos que las normas de tránsito y aquellos que las hacen respetar, siempre tienen fines recaudatorios, rechazamos de plano el concepto de que las normas fueron diseñadas para protegernos.

Para colmo de males, los estudios en la materia realizados a nivel mundial, indican que el uso creciente de los teléfonos celulares por parte de conductores y peatones tiende a agravar el peligro cotidiano en el tránsito. En Argentina, la Asociación Civil Luchemos por la Vida, hizo un relevamiento que lamentablemente confirma esta tendencia. No creo que haga falta recordar que la ciencia ha estudiado por años las limitaciones que tiene nuestro cerebro para realizar dos tareas que demanden atención al mismo tiempo, por lo que está más que probado que es sumamente peligroso conducir mientras se habla o se mensajea por celular, aún con el sistema de manos libres.

Un enorme porcentaje de la solución a este problema, está en nosotros, en nuestra responsabilidad individual, en la predisposición que tengamos a atender o no las normas, en nuestro compromiso por proteger nuestra vida y la de los demás. Solo tenemos que cuidarnos y cuidar, no ser parte de las tragedias irreversibles que vemos todos los días en nuestras calles y nuestras rutas. Ser capaces de tomar conciencia de los riesgos y las consecuencias que se producen por manejar de manera irresponsable. Nosotros podemos disminuir la alta mortalidad, podemos evitar muchos siniestros viales. La fatalidad no viene sola, trae tristeza, angustia y muchas veces luto y de ninguna de esas desgracias se vuelve.

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