* Diario La Reforma, el diario de la pampa | Editorial
| 11 septiembre, 2018

Editorial

El presidente Macri va a recibir el premio Global Citizen Award otorgado por uno de los centros de pensamiento más importantes de Washington, el Atlantic Council, por “su dedicación incansable y desinteresada con su país y su gente”. Según explican los propios organizadores, “este premio reconoce individuos que capturan la esencia del ‘Ciudadano Global’ a través de sus logros profesionales y sus contribuciones personales a la mejoría de la situación actual del mundo”.

Esta es una distinción que han recibido figuras como Bill Clinton y George Bush expresidentes de Estados Unidos; Tony Blair ex primer ministro del Reino Unido; Enrique Peña Nieto, presidente de México; Lee Kuan Yu, primer ministro de Singapur; Shimon Peres, presidente de Israel; el premier canadiense, Justin Trudeau; la primera ministra de Noruega, Erna Solberg; la directora del FMI, Christine Lagarde, y el cantante y activista Bono, entre otros. El presidente y director ejecutivo del Atlantic Council, Frederick Kempe, explica que “estos premios envían un mensaje particular con respecto a la marca de liderazgo consistente, de principios y decisión que nuestros tiempos requieren”.

Le voy a pedir que me ayude a pensar en voz alta, hagámonos compañía para tratar de entender un poco. Si no juzgamos mal, la intención de la prestigiosa organización es galardonar a quienes encarnan y ejemplifican valores, se trata de destacar y homenajear los ejemplos, de invitar al mundo a unirse al compromiso asumido por las personas que distinguen porque son arquetipos, paradigmas para la sociedad mundial. Si eligen premiar a nuestro presidente es porque entienden que como líder simboliza todas esas virtudes y la verdad, sin intención de poner en tela de juicio las cualidades que tiene o de las que carece nuestro primer mandatario, este, precisamente este momento, no es el más oportuno para distinguirlo por sus “logros profesionales y sus contribuciones personales a la mejoría de la situación actual del mundo”.

Uno no se va a poner a dudar ahora de las buenas intenciones del Atlantic Council, mucho menos considerando que llevan casi seis décadas proporcionando un foro para líderes políticos, empresariales e intelectuales de todo el planeta, lo único para decir es que esta vez le erraron con el sentido de la oportunidad . Mi reflexión, totalmente subjetiva, pero en la que creo vamos a coincidir es que uno no puede dudar que Macri es una persona inteligente, que, como él mismo ha señalado en muchas oportunidades, ama lo que hace, que siente la vocación y que ha obrado tratando de buscar lo mejor para nuestro país; pero también vamos a estar de acuerdo en que no le salió bien y que la distinción le pega en el peor momento de toda su gestión, finalmente, estaremos de acuerdo en señalar que su figura política no alcanza la talla de un estadista y que tampoco resulta por su modo de gestionar, un personaje inspirador.

Cada uno tiene su estilo, eso no es opinable, pero tampoco es cuestión de creer que se puede tapar el sol con un dedo. Es halagüeño que quieran premiar a nuestro Presidente, pero los argumentos que avalan la premiación resultan bastante insólitos. De los rasgos generales que uno supone debe encarnar quien ocupa el sillón de Rivadavia, nuestro primer mandatario no se caracteriza por su habilidad como comunicador público, o su capacidad organizativa, ni por un fuerte liderazgo ni por la claridad en sus políticas públicas.

Y para que no queden dudas ni cabos sueltos, le explico a qué me refiero en cada caso: cuando hablo de habilidad como comunicador público, me refiero a que no sirve de nada que tenga buenas ideas si no es idóneo para explicarlas y defenderlas claramente, hablo de convencer, de dialogar, de comunicar adecuadamente sus proyectos e iniciativas, de la capacidad de seducir con las palabras.

En el caso de la capacidad organizativa, aludo a la capacidad para elegir buenos colaboradores, hacer que trabajen de forma coordinada, que funcionen como equipo, que el grupo no sea una suma de talentos, sino un engranaje efectivo en la consecución de las metas.

En cuanto al liderazgo, hablo de la claridad para establecer metas y lograr apoyos, para diseñar una agenda política y dirigir las negociaciones con actores diversos dando soluciones. Un líder político escucha y ofrece respuestas, planea y conduce.

Finalmente, en lo referente a la claridad de sus políticas públicas, lo fundamental es tener un plan maestro preconcebido para guiar los destinos de la nación, lo esperable es que haya propósitos claros, responsables en cada área, tiempos de ejecución de proyectos en los que se midan claramente los avances y los logros. Cuando hablamos de políticas públicas hablamos de un rumbo claro y contundente.

¿Comprende por qué no entiendo la decisión del Atlantic Council? La única explicación posible surge de mirar la nómina de quienes recibieron la misma distinción, sería como un premio a los que se portan bien y hacen los deberes con los rectores económicos del planeta, o forman parte del rectorado, y en ese caso mis queridos lectores, coincidirán en que nos hubiese encantado que se guarden el Global Citizen Award donde no les da la sombra.

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