Diario La Reforma, el diario de la pampa | Editorial
| 11 junio, 2018

Editorial

Ni tan calvo ni tres pelucas. Nos cuesta encontrar el justo medio. Si Aristóteles resucitara y analizara nuestra conducta, nos amonestaría porque según su doctrina no somos virtuosos, él decía que ‘la virtud es un justo medio entre dos extremos‘ y esa precisamente no es una capacidad representativa de nuestra idiosincrasia.

Nuestra singularidad se podría tipificar como más afecta a los márgenes y lo digo en sentido genérico, aunque este artículo se refiera sólo a uno de los aspectos de nuestra cotidianeidad, dado que esta reflexión se origina en el uso que le damos al espacio público.

Creo que coincidiremos en que el espacio público es un lugar que deberíamos transitar como una ordenada masa de personas libres e iguales, que correspondería emplear para ir y venir de trabajar, para consumir, para pasar muchos de nuestros ratos libres. Podríamos decir que debería ser un lugar de diálogo y armonía, de concordia.

Sin embargo Argentina tiene a esta altura una tradición de ciudadanos que se movilizan para demandar la atención del Estado, usamos el espacio público para reclamar, para ejercer nuestro derecho a la protesta. Lo ocupamos para pedir mejores salarios, más seguridad, mejor educación, la protección del medio ambiente, por la salud, medidas contra la violencia de género, entre otros tantos motivos. Entendemos y usamos el espacio público para exteriorizar protestas sociales, como una herramienta de presión civil, para visibilizar nuestras demandas.

Y muchas veces, sobre todo en las grandes ciudades, lo usamos con un desprecio total por el otro, de una manera tan imperativa que resulta confiscatoria porque molesta y perturba pero básicamente perjudica a muchos otros prójimos que quedan atrapados en calidad de rehenes entre la exteriorización de una demanda justa y un destinatario sordo.

Federico Schuster, filósofo y docente argentino, investigador en Sociología Política y director del Grupo de Protesta Social y Acción Colectiva del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, explica que en Argentina las protestas son frecuentes porque aquí se cumplen tres variables. Por un lado, hay mayor cantidad de demandas insatisfechas, es decir que las personas entienden que tienen necesidades no cubiertas y consideran que por ello tienen derecho a protestar. En segundo lugar, en el país no existen mecanismos institucionales que permitan negociar esas demandas como en otros países, donde hay otros canales de diálogo a través de los parlamentos, poderes ejecutivos e instancias descentralizadas para elevar demandas y generar instancias de negociación. Y la tercera variable, indica Schuster, la que sentó las bases de la participación política: “En Argentina, la cultura de la protesta viene de los conflictos sociales que tuvo el país desde el comienzo de su historia. Los dos partidos de masas tienen en su génesis acciones colectivas que pueden ser consideradas protestas (el radicalismo en el reclamo contra Juárez Celman, cuando nace la Unión Cívica; y el Peronismo, con el famoso 17 de octubre). Hay una vieja tradición que se reforzó a fines de la década del ‘90 con una idea que está en todos los sectores sociales: si uno no reclama, no consigue”.

El que no llora no mama, señala el viejo y conocido refrán, y eso es lo que entendemos y practicamos saliendo a la calle con naturalidad para protestar por los temas más diversos. La cultura del piquete ha arraigado y extendido su dominio dejando de ser patrimonio exclusivo de sindicatos y organizaciones sociales. Hoy todos los conflictos se expresan en la vía pública antes que en los organismos que corresponden y por las vías pertinentes.

Hemos corrido el ‘justo medio’ en la utilización de la calle, el espacio público ha dejado de simbolizar un pacto cívico, ya no lo usamos virtuosamente, si lo hiciéramos, nuestras manifestaciones serían un punto de llegada y no un punto de partida, usaríamos la calle para manifestar nuestros conflictos y disidencias luego de haber agotado otras vías de solución.

Tal como señala Schuster, la protesta es una anormalidad y el hecho de que se produzca frecuentemente es una ruptura. “Hay grupos que se sienten perjudicados -dice-. Siempre habrá protesta y siempre habrá un sector que reclame algo, así como nuevas demandas, derechos y grupos”.

Sin dudas la demanda se origina en un problema sin resolver, es consecuencia de un grupo que no se siente representado, un símbolo de un quiebre entre los vecinos y el gobierno, “es debido a la ineficiencia crónica del Estado en las últimas décadas para resolver los problemas”, como señala el filósofo. Revertir el sentimiento de que para ser escuchado hay que hacer un piquete va a llevar mucho tiempo, reconstruir ese vínculo no va a ser fácil, pero es un esfuerzo que necesitamos y nos debemos. Tenemos que volver a ser virtuosos.

"LA REFORMA S.R.L. Derechos reservados - Las imágenes corresponden a los eventos publicados. Excepcionalmente serán ilustrativas"

Comentarios

"No se publicarán insultos y/o injurias, tampoco todo el texto en mayúsculas, LA REFORMA S.R.L. se reserva el derecho de editar dichos comentarios sin previo aviso. El contenido de los mismos es responsabilidad exclusiva de quienes los vierten."

gobierno tecno

UNLPAM

gobierno dni

ZIRCAOS

CORPICO

Corpico

jubilarte

guspamar

Facebook

Estilo MC

Cámara Gob

guspamar1

Luis Roldán

Luis Roldán

Necrológicas

Necrológicas

De Leon

Rosa Audisio

Rosa Audisio

Hugo López

Hugo López

AutoCosmos 2

Rectangle_4 (300X250) : C3